361. HACER EL AMOR ENTRE DIAMANTES
KATHERINE
Al abrirla, por suerte resultó que era una doncella para prepararme la tina.
—Adelante —la mandé a pasar y me sumergí de nuevo en mis preparativos.
—Su señoría, puedo arreglarle la ropa —se acercó enseguida con actitud sumisa.
Apostaba lo que fuera que este arreglo tan “esmerado” era el cambio de actitud de los anfitriones.
—No es necesario, solo prepárame bien el baño. ¿Hay alguna esencia?
—Sí, sí, de rosa, pomelo, también de lavanda. Si desea otra…
—De lavanda está bien —le pedí así