34. ÉL ME VA A ADORAR
NARRADORA
Verak caminó rumbo a la carpita rústica que se había armado, pensando en cómo enfrentar el drama de Nana al otro día.
Él era un hombre con necesidades y, aunque moría por meter la polla entre las piernas de Lyra, se conformó con follarse a la loba ofrecida del otro grupo.
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La noche transcurrió sin mayores incidentes, y a punto de que el sol saliera, Verak abrió los ojos; estaba solo bajo el techo de pieles.
—¿Nana? —La llamó con voz ronca, sintiéndola en el exterior.
Salió par