338. SOY INOCENTE
ELLIOT
—¡Piedad, por favor! ¡Sr. Vittorio… es… es el Duque! ¡POR FAVOR, PIEDAD, SU SEÑORÍA! —uno de los prisioneros se ha puesto a gritar desesperado al vernos pasar, a través de la ventanita en la puerta maciza de acero.
Ha desencadenado toda una sinfonía de súplicas, y eso que aquí abajo hay, si acaso, menos de diez prisioneros esperando a morir.
—¡CÁLLENSE DE UNA VEZ, MALDITOS PERROS, O LOS ASESINO HOY MISMO! —Vittorio les ruge encolerizado.
Los murmullos de llantos se escuchan; yo solo avan