327. ORGASMO Y LAVANDA
ELLIOT
Escucharla tan cachonda era música para mis oídos, su espalda arqueándose contra mi cuerpo.
Presioné ese botoncito que la hacía estremecerse de placer.
Jugué un poco con él, masajeándolo entre mis dedos, dándole suaves vueltas como hacía a la vez con su pezón.
La palma de mi mano, abierta, bajó acariciando arriba y abajo su descarada vulva.
A pesar de la humedad del agua, algo muy viscoso y denso se escurría desde su interior.
Separé los labios y tenté la diminuta entrada.
Escuchaba l