320. PELIGRO EN LA OSCURIDAD
KATHERINE
Intenté arrastrarme de regreso a la protección del bosque con un último aliento desesperado.
—¡Aahh! —grité por el aguijón punzante cuando la suela de su zapato presionó sobre mis manos atadas con una cuerda.
Sentí cómo todos los huesillos de los dedos traqueaban a punto de la fractura.
—¡AUXILIO, ELLIOT, ALGUIEN... AUXILIO!
—¡Cierra el pico, maldición, ya me hartaste!
—¡Mejor elimínela de una vez! El jefe dijo…
—¡Cállate y no me digas lo que tengo que hacer! ¡Ven acá, habla de