319. SECUESTRO
KATHERINE
Ay no, no, no, qué susto.
Estaba en un puro temblor, esgrimía el cuchillo del pan como un arma mortal delante de mi cuerpo.
Agucé el oído, me moví suavemente para no hacer ruidos que me delataran.
No se escuchaban más pasos, pero con los sonidos de lucha en el exterior y los alaridos, era complicado discernir nada en concreto.
Repentinamente, la manija de una de las puertas laterales comenzó a moverse lentamente, mi corazón casi queriéndose salir de mi pecho, el miedo atenazando mis s