317. SALTANDO AL FUEGO POR TÍ
ABIGAIL
—¡Malditos rebeldes! —hice por abalanzarme sobre el más cercano de los diez que aparecieron, pero algo me detuvo de golpe.
—¡Aaggr! —rugí al caer de espaldas, como si mi nariz hubiese impactado contra un escudo invisible.
Me habían atrapado y, lo peor, el hechizo que activaron me estaba afectando seriamente.
Las llamas en mi interior se rebelaban con más fuerzas que nunca; algo las obligaba a salir de mi cuerpo… algo que las codiciaba.
Del suelo surgió una bruma negra y tomó la forma de