315. UNA OPORTUNIDAD PARA ACERCARNOS
KATHERINE
—No, ese vestido tan elegante no, metan en el baúl cosas más prácticas, sí, sí, ese pantalón de montar está bien —le indicaba a las dos doncellas que empacaban mis necesidades para este loco viaje.
Caminé hacia la ventana mientras ellas hacían sus deberes.
La noche avanzaba afuera, tan oscura que no se veía más allá de las sombras de los enormes faroles.
¿Dónde estaba el Duque y por qué no había regresado?
Tenía una preocupación muy grande: ¿estaría en la casa de su amante?
Necesito