309. MI ESPOSA, LA INTELIGENTE
KATHERINE
—Duquesa, ¿deseaba algo? —el insufrible del mayordomo fue quien me abrió la puerta.
—Deseo ver al Duque —le respondí, igual rayando en la mala educación, porque su tonito superior no me gustaba para nada.
—Sabe que tiene que sacar cita para ver a su señoría, puedo darle una para la semana que viene…
—Es de emergencia y necesito verlo, ahora —hice hincapié en el "ahora".
Podría sentir los sonidos del Duque dentro de la habitación.
No sé si lo hacía a propósito, pero se escuchaban las