305. LOS PLACERES DE LA VIDA
MAGNUS
La boca de Hannah sabía a pura gloria. Sus labios gruesos eran un manjar que no me cansaba de chupar y mordisquear.
Mi lengua se metía hasta las profundidades de esa cavidad, explorándola y robándole el aliento.
Mis manos no se detenían, acariciaban todo su cuerpo y la desnudaban con algo de ansia.
Ella no se quedaba atrás. Hannah podía tener magia invernal, pero era puro fuego como mujer.
También sabía que el celo nos estaba consumiendo los pensamientos y solo quedaba la lujuria