306. ENCADENADO A TU ALMA
MAGNUS
La saliva bajaba bañando mi polla y escurriendo a mis testículos.
Agarré su pelo en un moño apretado para verla dándome placer.
Mi miembro salía y entraba de entre esos rojos pétalos que me estaban ordeñando todo el líquido preseminal.
Su mano bajó a masajearme las bolas, a darme unos apretones que me tenían jadeando con la lengua afuera y embistiendo hacia arriba.
Su garganta me apretaba el glande como si fuese un coño.
Por mucho, esta era la felación más excitante que me habían dado en