303. YO SOY ROSSELLA EVERHART
ROSSELLA
Miraba a través de la ventana del segundo piso, en la villa familiar campestre, cómo mi gemela practicaba una y otra vez para hacerse pasar por mí.
Una risa de ironía apareció en mis labios y luego el sabor a hierro subió desgarrando mi garganta.
Me llevé el pañuelo a la boca y comencé a toser con fuerza, sentía como si todos mis órganos se estuvieran haciendo una papilla, muriendo lenta y agonizantemente.
Era mi castigo, lo sabía, yo fui quien le robó a ella su vida en primer lugar.
M