271. TODO EN MÍ, TE PERTENECE
MERIDIANA
El aire de la tarde-noche soplaba sobre la piel que iba desnudando.
Frente a sus ojos intensos comencé a liberar los nudos flojos del vestido, sintiéndolo rodar por mi cuerpo y fruncirse sobre mis pies.
No llevaba nada debajo y me mostré desnuda ante él, resistiendo el impulso de taparme, pero yo ansiaba esto.
Y no tenía que verlo para saber que me deseaba; su respiración se hizo más apresurada, como si de verdad le cortara el aliento.
Tragaba y se humedecía los labios, se había queda