260. EL ROSTRO DE LAS CONDENADAS
NARRADORA
—¡Maldita sea, no, no! ¡Criaturas inútiles!
Frederick rugió al ver a sus “hijos” ser masacrados.
Tampoco había podido crear tantos, robar esa magia corrupta era muy difícil, aun esclavizando y controlando a las brujas.
Sin embargo, por muy fuertes que parecieran esas bestias, poseían un corazón viviente, que podía ser arrancado.
—No me puedo quedar aquí… —masculló presenciando su derrota y cómo ese ejército no moriría nunca.
Sus ojos rabiosos, llenos de ira y de envidia, se dirigieron