259. UN LOBO DE CORAZÓN PURO
NARRADORA
Si Dracomir no tuviese la mandíbula bien pegada al cráneo, se le hubiese caído al suelo del asombro.
A través de esas grietas que destrozaron todo el suelo y removieron los cimientos de la fortaleza, saltaron gritando unas figuras humanoides.
"¡Dracomir… son esos degenerados!" Alan gritó también estupefacto.
No los olvidarían jamás, ni aunque pasaran mil años.
Tantas cosas se revolvieron dentro de su pecho, la ira lo invadía hasta que se dio cuenta de que eran solo cadáveres.
Las cab