231. DESAFÍO
SILAS
Mi ojo picaba y dolía, no lo detuve, la magia volvió a brotar de mi cuerpo y una bruma oscura a llenar la noche.
—¡Rápido, cierren las puertas, es orden de la jefa, ciérrenla ya!
—¡Maldición, qué es esta niebla, no veo nada! ¡Alfred, Alfred…!
—No te muevas o caerás al foso, espera no veo nada.
—¡Aahahhh!
En medio de las exclamaciones y de los engranajes del cierre girando, se escuchó el relincho de un caballo.
Saltó justo a punto de cerrarse las dos enormes puertas de madera.
¡BAM!