224. ¿YA PUEDO ASESINARLA?
SIGRID
Obvio y no la culpo, si sumido en la oscuridad, donde no da la luz, solo se observa un ojo dorado que la mira como una serpiente esperando a engullirla.
—Yo… — da un paso atrás con terror.
—Mejor párate en la otra esquina —le ordeno suspirando, así evito una tragedia.
Silas de repente sale de su rincón donde él mismo se quedó de guardia.
Va a la mesa y comienza a trinchar la carne finamente como me gusta, a servir en mi plato las cosas que prefiero, le quita la grasita del jamón que no