221. INSTINTOS DE LOBA
SIGRID
Un gemido ronco escapó desde las profundidades de mi pecho.
Mi cuerpo se arqueaba hacia arriba, con las piernas completamente abiertas y la cabeza colgando del hombro de Silas.
Los dedos de mis pies se contraían y flexionaban, de puntillas contra el fondo de la tina.
Una mano aferrada al borde y la otra se movía rítmicamente, salpicando agua por fuera, guiando la de Silas bajo el agua, hundiéndole mis uñas en su muñeca mientras lo empujaba a penetrarme justo donde lo necesitaba.
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