219. CEDIENDO A TU EMBRUJO
ROUSSE
Sentía el temblor en sus manos sobre mis rodillas.
Mis propios deseos me incitaban a devorarla.
¿Qué estaba haciendo, maldit4 sea?
Quizás no debería…
Pero antes de alejarme, Meridiana dio el paso final.
Esos regordetes labios entreabiertos se pegaron a los míos.
Con torpeza, rígida, pero no era el intercambio de magia de siempre.
Resultaba imposible malinterpretarlo. Estaba besándome.
Me quedé con los ojos abiertos, asombrado, indeciso…
Hasta que un gemido bajo vibró en su garga