218. ENGAÑO DE SEDUCCIÓN
ROUSSE
No me dormía, preocupado por Victoria, aunque sabía lo poderosa que era.
Acostado en el suelo, sumido en la oscuridad de la habitación, la sentí regresar.
Me levanté enseguida a verificar que estuviese bien y entonces lo escuché: el sonido de su llanto ahogado.
Después, el aullido de un lobo macho a lo lejos.
—Espera, Rousse —la voz de Meridiana me detuvo desde la cama.
Vi su silueta levantarse.
—Lo siento, te desperté…
—No había dormido, también estaba preocupada —me dijo e