205. ¿TE GUSTA MI REGALO?
NARRADORA
—¡Señorita Victoria! — al escuchar su voz se sobresaltó.
Parecía un amante que había sido pillado in fraganti.
Los labios de Meridiana se pegaron húmedos a su mejilla cuando giró el rostro.
Si Rousse pudiese ponerse colorado, estaría más rojo que un tomate.
—Esto… no es lo que parece…
—¿Ah, no? —Victoria no pudo evitar burlarse un poco de él.
Miraba con curiosidad a la mujer que ahora se separaba. Era linda.
—¿Me voy? ¿Necesitas tiempo a solas con tu novia?
—¡Ella no es mi novia! —inc