204. NO TE ATREVAS A TOCARLO
SIGRID
Como si no supiese que ya le habían avisado desde que entré por las murallas.
— Solo deseo servirle con lo mejor, su señoría; tendría preparado su baño de rosas y la cena que le gusta —bajó un poco la cabeza, pero sus ojos agudos no podían dejar de desviarse al acompañante detrás de mi espalda.
— ¿Es un nuevo esclavo? —me preguntó al fin mientras me quitaba los guantes.
— Sí, quiero que le den alimentos, una buena y cómoda habitación y, ya que estabas tan preocupado, ordena preparar mis