200. ¿QUIÉN ERES?
SIGRID
Silas se tensó cuando me acerqué, su respiración se hizo más pesada y escuchaba el golpeteo acelerado de su corazón contra mi pecho.
Se quedó rígido entre mis manos que fueron a abrazar su espalda, mi cara se hundió en su cuello.
Su cabello cosquilleaba en mi nariz y ese delicioso aroma a cítricos que tenía su cuerpo, como un árbol de naranjas maduras.
Por alguna razón me entraron ansias de comerme unas jugosas naranjas.
— Solo unos segundos, tan solo fingimos Silas - le susurré algo p