196. ¡ESTAS ME LAS PAGAS!
VICTORIA
Lo vi avanzar lleno de confianza.
Parece que había olvidado lo que era un vampiro bien comido, y eso que no estaba en mi mejor forma.
El látigo chasqueó, volando hacia mi cuello con un rugido de sus labios.
Me moví hacia delante tan rápido que ni siquiera me vio.
Su mano estaba arriba por mover el arma; sus ojos se estrecharon al verme aparecer frente a él.
—¡¿Pero qué…?! ¡Aaahh, maldit4 zorra!
Dio un salto atrás cuando mis uñas afiladas se hundieron en su cara, llevándome un buen troz