192. MARCA DE ESCLAVITUD
SIGRID
La noche avanzaba y debía moverme con rapidez.
No era lo mismo llevarme a un bebé convertida en niebla que a un hombre tan pesado, debía moverlo primero a algún sitio más cercano.
—¿Puedes caminar?, oye —me incliné a su lado, con la guardia en alto pensando en que podría atacarme a traición.
Pero toqué su hombro con fuerza y su cuerpo cayó inerte hacia atrás, se había desmayado.
Por todos los cielos.
Estaba resoplando, pero cualquier pensamiento quedó congelado en mi mente al verle e