193. AHORA, ERES MÍO
SIGRID
Ese hombre se había incorporado y me estaba atacando, con una fuerza descomunal que no sabía ni de dónde salía, dada su condición.
—Te estoy… quitando… el sello —clavé mis uñas en sus muñecas, resistiendo la falta de oxígeno y mirando directamente a ese ojo dorado que ahora me fulminaba nublado y errático.
La locura asomaba en sus profundidades.
—No… me… toques… maldit4 … —me gruñó con un odio que me trajo escalofríos por todo el cuerpo, tan visceral y profundo, tan sangriento.
—Aaggrr