118. EL RENCOR DE UNA MADRE
VALERIA
Comencé a tocarme las ropas, no podía ser que lo hubiese perdido en la pelea, o peor, cuando perseguí enojada a esos vampiros.
Miré a todos lados del suelo, desesperada, entonces lo vi, a unos metros de mi posición.
El corazón ya no tenía la forma de un rubí, se había derretido en un charco oscuro del mismo color de la laguna, como sangre concentrada y poderosa.
Me levanté con temblor en las piernas, malherida y en las últimas, estaba aguantando por la pura adrenalina y las ganas de sob