111. NO GANAMOS NINGUNO DE LOS DOS
NYX
Los ojos rubíes tan rojos que parecían sangrar, su morro un poco contraído, se veía contrariado.
La cabeza esponjosa se movió en dirección al palacio y entendí que hasta aquí había llegado este raro juego.
La brisa de la mañana soplaba en las hebras blancas de su pelaje, un lobo indomable y además… emparejado.
Por un segundo, había olvidado lo más importante de todo… a Isabella.
“Bueno, creo que he ganado. Nos vemos en unos días” le dije por el vínculo universal de su raza.
Volví a capturar