107. DULCE SUEÑO
VALERIA
El interior de la casita de madera era tan cálido como me imaginaba, lleno de flores y el olor intenso medicinal.
Había una mesa donde esa misteriosa mujer hacía un preparado con hojas, unas sillas a su alrededor y al fondo una chimenea con dos cómodas mecedoras llenas de cojines coloridos.
— Oh querida princesa, no te quedes ahí de pie tan rígida, siéntate en la mecedora, hablemos – me invitó y aunque con algo de recelos lo hice, mirando a mi alrededor con atención.
— Me dijeron que ha