106. LA BRUJA BLANCA
VALERIA
— ¿Tres… tres centavos? Solo… solo tengo esto, no puedo pagar tanto, ¡sabe que aquí nadie puede pagar ese impuesto tan caro!
— Entonces quéjate con el Rey, no conmigo, ¡sáquenla de una vez y si se resiste golpéenla hasta dejarla inconsciente y que cierre la boca! – pateó la mano de la mujer antes de dar la vuelta para marcharse y las dos monedas ennegrecidas que llevaba en la mano, rodaron por el suelo.
La pobre mujer andrajosa se abalanzó a recogerlas, llorando y enseguida esos hombres