08. UN GOLPE RASTRERO
LYRA
—Si lo mojas con agua caliente, las plumas salen mejor —tomé un cuenco de madera y lo sumergí en el agua hirviendo.
Comencé a mostrarle, en cuclillas frente a él, lo fácil que era quitar las plumas sin llevarse medio bicho en el proceso.
—Así haces menos fuerza y luego le pasas rápido una astilla con fuego y quemas esos pelos duros… ¿ves? —subí la cabeza para enfrentarme a esa mirada medianoche.
Mis mejillas se sonrojaron un poco por la cercanía y la atención que me ponía.
—Te puedes herir