VICTORIA
—No... no te atreves a acercarte a mí.
Retroceso hasta que choco con el cristal que nos divide de la ducha, su cuerpo se alza sobre el mío, posando sus manos a cada lado de mi cabeza.
—Eres muy rebelde Victoria, puedo con eso.
Baja sus manos, deslizándola por mi cuerpo sobre la tela. Toma el borde de la bata y de un tirón la saca de mi cuerpo.
Cubro mis pechos ante él, respirando, agitada y con mi cuerpo temblando a más no poder.
¿Qué es lo que pretende?, me rechazó, jamás o