—Déjate de tonterías, no necesito tu estúpido arrepentimiento. ¿Dónde está la chica? —espetó Norman, agarrando a Fatima por el cuello y tirándola hacia adelante. Su voz temblaba, no por debilidad, sino por pura rabia mezclada con miedo, mientras que perlas de sudor le rodaban por la frente.
—Si le pasa algo a Julie, Bob y yo seremos hombres muertos. ¡No entiendes quién es su hermano!
El rostro de Fatima se puso pálido mientras balbuceaba: —Fue... fue... fue mi primo, Robert. Lo juro, no sabía