Roberto
Me despierto de pronto cuando alguien abre las cortinas del cuarto abruptamente, la luz del sol golpea mi rostro, que me enceguece momentáneamente. No tengo que verla para saber quién es, Sofía.
—Levántate, desgraciado. ¿Cómo te atreviste a avergonzarme frente a todos anoche? ¿Qué no tuvieran un matrimonio como el nuestro? ¡Mejor porque no publicaste en una valla en medio de la Vía Francigena de que te quieres divorciar porque tienes una amante!—me grita y lo único que sale de mí es un