Perla
Con el corazón palpitante y una maleta a mis pies, observo la habitación, comprobando que no se me quede nada. Antes de hacer la maleta hice una lista, que por supuesto rectifiqué, pero todo está muy bien y creo que no se me queda nada.
Justo en ese momento, escucho que tocan la puerta repetidas veces. No pierdo el tiempo y me acerco para abrir. Enseguida me encuentro con los rostros de Angela y la señora Elisa.
—Nos hemos robado un momento en el trabajo para despedirnos de ti —dice