Fabiano
Cuando Alberto y yo, estamos por acabar con nuestra conversación, dos toques a la puerta nos interrumpe. Por supuesto sé quién es la responsable, es imposible no conocer cuando Fiorella es quien toca a la puerta, aunque algunas veces no lo hace.
—¡Adelante! —expreso todavía sentado en el sillón.
Alberto libera un suspiro suave.
—Bien, entonces todo queda así. Por favor, si necesitas algo no dudes en levantar el teléfono y llamar —avisa Alberto con una voz paternal.
Afirmo.
—S