Perla
Llena de vergüenza, con rapidez quita la mirada y me encargo de recoger la bola de billar que he hecho caer sin querer. Al levantarme dejo la bola sobre la mesa y decido mirar al hombre frente a mí.
—Disculpe de nuevo. —respondo con voz suave y volviendo a mirarlo a sus ojos azules—. No quise interrumpir su llamada, señor.
La verdad, sí. Pero no de esa forma.
—No se preocupe, señorita —guarda el teléfono en el bolsillo de su pantalón y con los ojos sobre mí, se empieza a acercar a