El amanecer se filtraba entre los árboles, tiñendo el cielo de rojo y naranja, como si reflejara la sangre derramada en los últimos días. El ataque de Kael había dejado cicatrices en la manada, físicas y emocionales. La herida de Raiden seguía abierta, y aunque su cuerpo aún respiraba, su espíritu parecía atrapado en un letargo insondable.
El claro central de Cuarto Creciente estaba lleno. Hombres y mujeres, lobos y guerreros, todos reunidos en busca de respuestas. Un murmullo inquieto recorría