Mientras el amanecer se extendía sobre Cuarto Creciente y la amenaza de Kael se hacía más real, Aria cerró los ojos y buscó dentro de sí una fuerza que no había utilizado en mucho tiempo. Como Luna de la manada y compañera de Raiden, compartían un vínculo profundo, uno que trascendía las palabras. En momentos de necesidad, podían comunicarse a través de sus lobos internos, un regalo raro que pocos alfas y lunas poseían.
Aria respiró profundamente, sintiendo la presencia de Selene dentro de ella