Después de despedir a Steven, Andrea regresó a la sala de maquillaje. Ahora había mucha menos gente.
La maquilladora, Linda, observó su rostro con atención. Con una piel tan perfecta, el trabajo era sencillo. En poco más de diez minutos, el maquillaje y el peinado estaban listos.
Andrea sonrió al verse en el espejo.
—Se ve increíble. Gracias, Linda.
Linda había maquillado a innumerables chicas ricas ese día, pero ninguna le había dado las gracias. Al instante, sintió simpatía por Andrea, y su s