Andrea salió de entre bastidores hacia la luz deslumbrante del sol y, de repente, sintió como si hubiera pasado toda una vida.
El ruido de la multitud regresó de golpe… pero debajo de él, algo más se agitaba.
Una corriente tenue.
Inquieta.
Invisible.
Pero inquietante.
Alzó una mano para cubrirse los ojos y se puso de puntillas, buscando entre la gente.
No vio esa figura familiar.
Una leve decepción se deslizó en su pecho.
Samuel… ¿por qué te fuiste sin esperarme?
—Andrea, ¿me estabas esperando?