Dentro del taxi, Delya seguía llorando en el regazo de Elena. Sus pequeñas manos sujetaban con fuerza el borde del vestido de su madre, y su carita estaba llena de confusión.
—Mom… Delya quiere a Daddy… —gimoteó en voz baja, con la voz temblorosa.
Elena respiró hondo y acarició con suavidad el cabello de su hija menor.
—Cariño, Daddy está ocupado.
—Pero ¿por qué Daddy dijo que no somos sus hijas? —preguntó Olivia, sentada al lado de Elena, con la cabeza baja y los ojos llenos de lágrimas—. ¿Ya