Capítulo 55
Elena permaneció en silencio. Su rostro estaba enrojecido, no solo por el beso, sino también por el beso posterior que Nathan había dejado en su cuello: ardiente, profundo y sorprendente.
—Ah… —el suspiro escapó de sus labios, haciendo que Nathan esbozara una leve sonrisa. Era la sonrisa de un hombre que sabía que había tocado algo que ya no podía negarse.
—Elena —la voz de Nathan era ronca, casi un susurro—. He dejado una marca de amor en tu cuello. Eres mía, Elena.
Elena giró la c