Capítulo 37
Aquella mañana, Nathan estaba sentado en su despacho con una taza de café que ni siquiera había tocado. Miraba fijamente la pantalla de su portátil con la mente en blanco, hasta que unos suaves golpes en la puerta rompieron su ensimismamiento.
—Adelante —dijo sin más.
Su asistente entró con una carpeta marrón en la mano.
—Perdón por interrumpir, señor Nathan —dijo con cautela—. Ha llegado una carta importante esta mañana. Es de la señorita Elena.
Los ojos de Nathan se agudizaron de