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Elena miró a los ojos sombríos de su esposo. La pregunta golpeó los rincones de su corazón de manera sutil pero profunda. Sabía que tarde o temprano Nathan se lo preguntaría. Y esta noche, cuando todo estaba en silencio y los niños dormían, no había mejor momento para ser honesta.
—No me voy a ir —respondió Elena con firmeza, con una voz suave pero segura.
Nathan frunció el ceño, curioso. —¿Estás segura? Sé que hay partes de tu vida que se quedaron en esa ciudad. Empresas, conexiones y tal v