Eduardo viajó a buscar a Wendy. Fue un viaje cargado de ansiedad hasta que la pudo ver: su semblante más limpio, su silueta algo recuperada y una sonrisa que lo descongelaba al instante. Sus labios carnosos se abrieron en un saludo protocolario y Eduardo se acercó a ella para abrazar a la niña; su aroma resultaba un bálsamo para todo lo que sufrió por ellas. Wendy agradeció con un abrazo y preguntó cuál sería su destino.
—Aún hay gente del casino que busca a Héctor; me parece que perdieron un