Eduardo cambió de táctica. Faltaban dos meses para que Wendy obtuviera una identidad nueva; hizo que uno de sus custodios la sacara de la casa para que regresara con unos familiares lejanos; así no iba a estar sola y él podía seguir esperando sin sentirse asfixiado. Se contactó con la clínica donde internó a Héctor y la respuesta fue alentadora: él colaboraba activamente en las sesiones grupales e individuales, y estaba recibiendo retrovirales mostrando una fuerza de voluntad sorprendente.
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