Viviana fue a su departamento. No le importaban las promesas cuando tenía algo más frágil creciendo en su vientre; iba a tomar sus cosas e irse. Ya preparó la maleta, se dirigía a la puerta y recordó a la niña del orfanato.
Esa misma niña que lloraba por las noches y su único refugio eran los libros viejos que les regalaban. Volvió a ver sus lágrimas y el temblor en los labios; recordó cada palabra cargada de rabia diciendo que ella nunca debía hacer una cosa igual.
Viviana se sentó junto a