Viviana fue a su departamento. No le importaban las promesas cuando tenía algo más frágil creciendo en su vientre; iba a tomar sus cosas e irse. Ya preparó la maleta, se dirigía a la puerta y recordó a la niña del orfanato.
Esa misma niña que lloraba por las noches y su único refugio eran los libros viejos que les regalaban. Volvió a ver sus lágrimas y el temblor en los labios; recordó cada palabra cargada de rabia diciendo que ella nunca debía hacer una cosa igual.
Viviana se sentó junto a la puerta y se puso a llorar, las lágrimas cayendo por sus mejillas. Su celular sonó: era Damián, querrían festejar con ella que por fin el trámite terminó. Ella respondió que estaba en su departamento y le envió la dirección.
Cuando llegaron, Viviana estaba en la planta baja; les saludó a los tres y dijo con un hilo de voz que necesitaba hablar con Damián. Diego asintió, regresó al auto seguido por la mitad de sus escoltas y se retiró. Viviana invitó a Damián a subir mientras el guardia de seg