Lucía, la niña huérfana; Yadira, la musa fugitiva; y Viviana, la niñera perfecta. Todas esas identidades estaban allí, frente a los ojos de Damián, habitando el mismo cuerpo. Ella se levantó para buscar un vaso de agua; necesitaba remojar una garganta seca por el peso de los secretos que finalmente salían a la luz.
—Damián, si te cuento esto no es porque quiera tu compasión —sentenció ella, dejando el vaso sobre la mesa con un golpe seco.
Yadira comenzó a narrar su vida desde aquel día en