Capítulo Ochenta y Siete. Lo que queda al amanecer
El amanecer llegó sin anunciarse.
Suave, pero firme.
Los primeros rayos de luz se filtraban por los ventanales altos del salón, dibujando reflejos dorados sobre la piedra vieja, sobre los papeles esparcidos por el suelo… y sobre los cuerpos aún entrelazados sobre la mesa del consejo.
Rowan no dormía.
Tenía la espalda apoyada contra la pared, y a Lyra envuelta entre sus brazos, su cabello oscuro cubriéndole el pecho desnudo. Ella sí dormía, con